El otro día leí
en una revista que la práctica del Enduro y en general de todas las modalidades
de la moto de campo convierten a sus protagonistas poco a poco en mejores
personas. Al parecer el hecho de estar habituado a enfrentarte a los obstáculos
y las situaciones difíciles hacen que a la vez vayas aprendiendo a afrontar las
vicisitudes de la vida en general con mayor optimismo, y que los inevitables
problemas del día a día te produzcan cada vez menos estrés al tiempo que te
haces mas generoso y humilde. Reflexionando sobre este tema, enseguida me
vinieron a la memoria algunos ejemplos de amigos a los que parece venirles como
anillo al dedo la aseveración que hacía dicha revista.
Yo
la moto de campo la comparo siempre con un viaje a un país africano, donde te
pueden ocurrir dos cosas: O bien te espanta de tal modo que no quieras ni oírlo
nombrar nunca más en tu vida, o te enamora de tal forma que siempre estés
anhelando el momento de volver. Es el llamado “mal de África”, que lo ha sufrido
entre otros el malogrado Fabrizio Meoni, quien siempre decía que se retiraba
definitivamente del Dakar y al año siguiente volvía. Extrapolado al mundo de
las motos sería “el mal de las motos” y el pobre Fabrizio padecía de ambos
males.
Sobre
las anécdotas y batallitas de la tribu de la moto off-road les podría contar
miles que les podrían espantar y pensar que es de tontos “pagar por pasarlo
mal”. Solo algunos ejemplos: Aparte de las caídas y roturas de toda clase de
huesos, gente con el hombro dislocado a quien un amigo se lo coloca en su sitio
y a seguir con su camino (créanme que esto duele un montón), motos que se
rompen en una trialera o en el fondo de un barranco, lejos de todo y sin
cobertura en el móvil, hay a quién se le ha hecho de noche tratando de reparar
un simple pinchazo, o en el peor de los casos quien ha tenido que dormir al
raso hasta el día siguiente que lo han ido a rescatar (y no les hablo del
Amazonas o el Desierto del Sahara, esto ha pasado muchas veces en Tenerife)… y
así podría escribir páginas y páginas. Sobre mi experiencia personal hay muy
poco que contar, por que como dice el gran maestre de la logia motera, Pablo de
La Rosa, si yo
fuera un tigre tendría muy pocas rayas… apenas un par de huesos y ligamentos
rotos, varias caídas y alguna que otra avería. Solo una vez recuerdo que estuve
a punto de tirar definitivamente el casco: Resulta que sufrí una caída por un
descuido, como casi todas, y bajé rodando con la moto por una empinada ladera
donde era casi imposible ponerte de pié del grado de pendiente que tenía. Esto
era muy lejos y tuve que tumbarme de espaldas e ir arrastrando la moto ladera
arriba centímetro a centímetro hasta llegar al camino. Tardé casi dos horas en
subir solo unos 10 metros
y cuando llegué a La Laguna
tenía el menisco y el ligamento cruzado de la rodilla derecha rotos.
En
definitiva todo esto que mucha gente piensa que es simple aventura o ese
sentimiento medio “masoca” de disfrutar cuando se sale airoso de una situación
de riesgo, todo se reduce a una sola cosa: La mejora en las condiciones de vida
en los últimos siglos ha sido muy rápida y ahora sin salir de casa lo tienes
todo (comida, agua, ropa, etc.) Sin embargo la evolución humana va un pasito
por detrás y todavía tenemos muy arraigado el instinto de supervivencia, por lo
tanto seguimos necesitando de alguna manera dominar a la naturaleza y eso nos
produce satisfacción.
Tal
como lo he pintado, alguno se podría espantar del mundo de las motos. Créanme
que son muchas más las experiencias buenas que las malas. El viernes pasado sin
ir mas lejos viví una muy buena con mi buen amigo Román,
de quien les reproduzco una bonita instantánea con su Kawa verde, todo un
ejemplo de ese tipo de moteros que decía al principio, persona noble y humilde,
a pesar de ser uno de los mejores conocedores de los secretos del monte y
también de la historia y prehistoria de Canarias. Como les decía subimos por La Sabinita, en Arico, hasta
una cota de mas de 2000
metros de altitud para disfrutar del manto de nieve que
los pasados temporales dejaron sobre nuestros montes. Para mi era la segunda
vez en mi vida que conducía con la moto sobre la nieve y créanme que es
fantástico… una experiencia increíble que le recomiendo a todo amante de la
moto de campo. La nieve es diferente a todo, aunque hay quien la compara con la
arena, pero ¡que va!, esto es otra cosa. Y luego están esos increíbles paisajes
de la vertiente sur de las Cañadas, algo que embriaga la vista y te hace
olvidarte de todo excepto de lo pequeños que somos ante la inmensidad de la
naturaleza.
Mi
padre, que fue guarda forestal durante muchos años, me hablaba de todos estos
sitios y afortunadamente a lo largo de mi vida he podido disfrutar de ellos,
esperemos que nuestros hijos también puedan hacerlo.
Me resultaría
relativamente fácil escribir sobre los aspectos deportivos del mundo de la
moto, para ello basta con estar al día de los diferentes campeonatos y saber si
cualquier piloto fichará la próxima temporada con tal o cual equipo, si se
llevará bien o mal con sus compañeros o si la moto es de pata negra o de jamón del barato. De hecho esto los hago a menudo
en alguno de los medios con los que colaboro, pero como creo que
Motorchicharrero.com es un medio con bastante clase prefiero compartir con
nuestros distinguidos lectores el aspecto humano del mundo que me apasiona.
Hace poco tuve
un encuentro desafortunado con un pino, resultado del cual el faro de mi moto
saltó por los aires y los amigos que me acompañaban en aquella ocasión me
invitaron amablemente (esto es un decir) a recoger todos los trocitos del
malogrado faro que quedaron desperdigados en un par de metros a la redonda.
Este hecho que en principio pudiera parecer insignificante me hizo reflexionar
una vez mas sobre el cambio de mentalidad que se está produciendo en el
colectivo motero, o en todo caso en la gente con la que yo salgo, que bien
pudieran formar parte de uno de esos muestreos que se seleccionan al azar para
hacer cualquier encuesta y que se supone que pudieran representar a todos los
amantes de las motos de campo.
La mayoría de
mis amigos sabría distinguir entre un laurel, un brezo, acebiño, pino canario e
incluso los escasos y casi venerados ejemplares de barbusano que se encuentran
en nuestros montes. ¡Pobre del que se atreva a hacerles algún daño delante de
cualquiera de ellos!. Sin ir mas lejos, la semana pasada dos pilotos muy
conocidos del mundo del Enduro, me llevaron a visitar el que bien pudiera ser
el castañero mas grande de España, con su tronco de mas de doce metros de
circunferencia. Se encuentra en los altos de La Orotava, y estos dos amigos
estaban muy disgustados por que los últimos temporales habían tirado al suelo
buena parte del majestuoso árbol, en cuyo tronco hueco había en otra época una
mesa en la que se podían sentar cómodamente cinco personas. La mayoría de los
que presumen de ecologistas ni siquiera saben donde está, y que conste que no
tengo nada en contra de los ecologistas, tan solo contra los que se esconden
tras esta bandera o cualquier otra para satisfacer en el fondo su afán de
notoriedad.
El
conocimiento de las tradiciones y la Historia de los lugares por donde se
frecuenta habitualmente es también una forma de Cultura. Lo digo por que muchas
de las cuestiones de interés etnográfico sobre las que he escrito en revistas
especializadas tales como El Pajar,
que pasito a pasito se he puesto a la cabeza de este tipo de publicaciones en
España, las he sacado en algunos casos de relatos de amigos moteros. A casi
ninguno de ellos se les escapa que la pista Pata
del Guanche se llama así por que en ella había una piedra con el pié
tallado de un enorme guanche, o que en Las Crucitas o Bailadero de Las Brujas se realizaban hasta hace solo unas décadas
extraños rituales en ciertos días del año cuyo origen se pierde en la oscura
noche de los tiempos y que por incomprendidos fueron considerados cosas de brujas. Así podría poner muchos
ejemplos, pero para finalizar les dejo con la curiosa Piedra de los Valientes, un enorme tonique que se encuentra en un remoto lugar del sur de Tenerife que
también la mayoría de los que andan por ahí en sus motos han oído hablar de que
se empleaba desde tiempo inmemorial para que los hombres demostraran su fuerza.
La prueba consistía en levantarla, hacerla pasar alrededor del hombro y dejarla
de nuevo en el suelo. Hoy en día, tan solo Julito
el matancero con su mas de 1,90 metros de humanidad ha conseguido apenas
despegarla del suelo.
Espero haber
contribuido, con estas humildes palabras, a sumar mi granito de arena para
dejar de lado ese mito o leyenda urbana de motero = golfo, peludo, etc. Un
saludo a todos/as.
Para quien no
me conozca, que deben ser la mayoría, les cuento que mi relación con el mundo
del motor ha pasado desde hace bastantes años por las muchas pistas de tierra
que rodean Tenerife, tanto a lomos de las mas variopintas motos de campo con al
volante de algún que otro 4x4.Yo viví
la época en la que motos y jeeps eran
los reyes indiscutibles del monte. Teníamos el manto forestal de la isla a
nuestra entera disposición...¡Era una pasada!. Pero claro, en todos lados hay
de todo y así como la mayoría nos limitábamos a disfrutar de los maravillosos
paisajes de la isla, vivir mil aventuras y también, como no, matar el gusanillo
de la velocidad, otros cargaban con motosierras en los maleteros de sus respectivos
machitos, Dios sabe para qué, o
subían con la moto hasta los mismísimos Huevos del Teide (no me llamen mal
hablado, que el topónimo es realmente ese). Y claro, de tanto tocar la
susodicha parte noble de la anatomía del padre de las siete islas, los
temblores previos a la erupción llegaron hasta los despachos del Cabildo, Gobierno
de Canarias, ayuntamientos y algún que otro grupito ecologista con ganas de chupar cámara. La consiguiente explosión
fue tan grande que nos entulló a
todos excepto a los cuatro o cinco que siempre hacen el cabra, por que la gente de esa calaña seguirá haciendo todas las
burradas habidas y por haber con ley de montes o sin ella.
Ahora los
azares del destino y el sabio consejo de mi buen amigo Pablo de La Rosa, quien
dice que las motos de pive son para
los pives y las de pureta para los puretas, han puesto de nuevo en mis manos una motito adecuada a mi
baja, o mas bien nula condición física, de esas que ayudan a quitar el miedito que le produce una moto de
enduro como Dios manda a un medio-cojeta
como yo...
Y volví al
monte para darme cuenta de que ya los dueños de las pistas no somos nosotros
sino los senderistas, bicis y gente a caballo que nos superan con creces en número,
cosa que no me parece mal ya que todos tenemos el mismo derecho a disfrutar de
las maravillas de la bendita tierra de los hijos de Chinet. Luego también están
toda una legión de quads y minimotos, de esas que pese a ser chiquitas tienen poco que envidiar en
cuestiones de potencia a las motos mas finas.
Estas son precisamente las últimas hordas que se han incorporado al monte y a
ellos va dirigido este artículo, por que sin querer generalizar, no me parece
fruto de la casualidad que cada vez que me he cruzado con ellos apenas me ha dado
tiempo de hacerme a un lado: Señores, tenemos que aprender a comportarnos en la
montaña, tal como reza el eslogan de una conocida fábrica de motocicletas, por
que si un día ocurre una desgracia, que no se como no ha ocurrido ya, las pocas
pistas que nos quedan nos las van a cerrar y a tirar las llaves al fondo del
mar.Entonces si que esto no lo vamos a
poder arreglar ni con mil plegarias a san Vladimiro.
Para colmo,
ahora cuando me cruzo con senderistas, bicis o caballos, por mucho que corte la
marcha, me pare literalmente e incluso sonría, no puedo evitar que la gente me
mire mal, por aquello de que todo lo que suena a motores parece ser lo mismo a
la vista de un profano.
Como sé que no
hay mucho mas que añadir a esta sugerencia de civismo, caballerosidad y buenas
maneras, y si lo hubiera tardaría menos en entrar por un oído y salir por el
otro que lo que duraría una play station
a la puerta de un colegio (antes era un caramelo), se los pido al menos por
nuestras madres, para que nadie tenga que acordarse de ellas y mucho menos
llamarlas cosas feas, que bastante desgracia tienen ya las pobres con que sus
hijos seamos moteros.